domingo, 20 de agosto de 2023

Carrera al Polo Sur (parte II)

Los crinoideos fósiles inspiraron a H. P. Lovecraft para crear a los Antiguos, criaturas con
simetría pentamérica como la de este crinoideo del Carbonífero (Agaricocrinus americanus). Vassil CC BY-SA 3.0

Todos somos personas de nuestro tiempo

En el libro Víctima de la Aurora, el personaje principal cuenta la historia de la expedición a la Antártida con cierto remordimiento sobre las actitudes que él y sus compañeros tenían sobre varios temas tabús de la sociedad británica de principios del siglo XX. Uno de los personajes en la novela es homosexual, aunque no abiertamente; la homosexualidad fue considerada un crimen en Gran Bretaña hasta el año 1967. La historia que narra el protagonista tiene la noción de “eran otros tiempos” y “no sabíamos que estaba mal”, pero durante la novela nos queda claro que los personajes estaban conscientes de la injusticia que había detrás. Constantemente nos recuerda que todos somos personas de nuestro tiempo: los victimarios y sus víctimas. La expresión “personas de su tiempo” permite mirar al pasado y mitigar remordimiento porque, a final de cuentas, los victimarios no se reconocían como tal en ese entonces, aún si al escuchar a las víctimas se hacía clara la injusticia que sufrían.

Esto nos permite hablar sobre el autor de la novela En las Montañas de la Locura, Howard P. Lovecraft. A diferencia de la novela de Keneally, esta novela fue escrita pocos años después de la expedición a la Antártida que la inspiró, en 1931, y captura las diferentes ideas que las academias científicas consideraban como ciertas. Al tiempo que la novela se publicó, las ideas de la deriva continental y la tectónica de placas flotaban en el discurso científico sin ser aceptadas. Las primeras evidencias de un mecanismo geofísico para explicar una corteza móvil fueron colectadas tres décadas después. Sin embargo, Lovecraft estaba familiarizado con las ideas de Alfred Wegener sobre la deriva continental, publicadas en 1912, y le da esta obra de ciencia ficción un aire actualizado a su universo1.

A la construcción de un mundo ficticio se le conoce como canon (o lore en inglés) y es parte importante de una ficción. En el caso de Lovecraft, la inspiración de su canon se centró en la posibilidad de que antes de que la vida surgiera en la Tierra, ésta fue habitada por extraterrestres millones de años antes. En este mundo ficticio, conforme la Tierra se enfrió, estos seres se retiraron de los continentes y fueron confinados a la Antártida, el último continente en ser explorado por los seres humanos. En el universo lovecraftiano, las ciencias humanas del siglo XX se estaban acercando a descubrir esta verdad y el horror asociado con ella. Fuera de la ficción, las academias científicas llevaban siglos entreteniendo la creencia pseudocientífica que las características físicas de las poblaciones estaban entrelazadas con sus capacidades intelectuales y emocionales. Como muchas personas a principios del siglo XX, Lovecraft utilizó estas nociones pseudocientíficas para justificar su racismo.

Para poder hablar de su obra, el racismo de Lovecraft es minimizado mediante la expresión falaz de "era un hombre de su tiempo" y "los tiempos eran otros". El debate sobre si se puede separar al autor de su obra es algo que ha ocupado a la filosofía, la ética y la estética desde siempre, y esta entrada no aporta nada a esta discusión. Sin embargo, la expresión "persona de su tiempo" siempre tiene como finalidad ignorar las ideas de alguien ilustre para enaltecer su obra, o bien, utilizar su obra como un acto purificador. Lovecraft escribió obras de ciencia ficción y terror que redefinieron ambos géneros y nos dio muchos de los tropos usados durante los siglos XX y XXI. Al mismo tiempo, Lovecraft también fue racista y ese racismo permeó sus obras y, por lo tanto, el modo en que producimos y consumimos terror y ciencia ficción. Ambos hechos son verdad. La obra En las Montañas de la Locura muestra que la fascinación de Lovecraft por la geología y la paleontología inspiraron muchos elementos de su mundo ficticio; su racismo encontró justificación en la paleontología, que llevaba siglos empaquetando ideas racistas en la interpretación del registro fósil.

Construyendo el Mitos del Científico Racismo

Si uno sigue la historia del racismo científico, se puede apreciar que se construyó del mismo modo que los universos ficticios: gradualmente y resolviendo agujeros en la trama. El objetivo de esta narrativa era presentar a la discriminación racial como una consecuencia natural de que existieran poblaciones con inferioridad racial y poblaciones con superioridad racial. Durante la época colonial española en el continente americano, por ejemplo, las razas eran definidas en función de las relaciones familiares (genealógicas), donde cada combinación de atributos era asignada a una nueva categoría. Como es evidente en el caso del sistema de castas español, el principal agujero de este argumento era explicar el rol del mestizaje. Las poblaciones humanas están en constantemente movimiento y los supuestos grupos raciales siempre estuvieron en constante mezcla, por lo que cualquier diferencia que se proponía como “diagnóstica” para identificar una raza de la otra, se difuminaba en poblaciones donde estas características se mezclaban.

La Biblia se pensaba como un libro completo que describía a todos los pueblos sobre la superficie terrestre y, sin embargo, se presentaban frente a las sociedades europeas medievales estos habitantes que no figuraban en la narración, otro agujero en la trama. En 1520, el filósofo suizo Paracelso sugirió que los habitantes de América habían sido creados al mismo tiempo que Adán y Evan, por lo que los diferentes grupos humanos habrían tenido diferentes orígenes (a esto se le conoce como coadanismo)2. En la visión de Paracelso, había dos grupos humanos, un grupo siendo el de los “caucasoides” que incluía a los descendientes de Noé: los “jafetitas” (europeos, anatolios y urálicos), los “semitas” (del Medio Oriente y Arabia) y los “camíticos” (del Norte de África y el Cuerno Etíope); y el otro el de los “no adanitas”, que incluía los africanos (de África Subsahariana y Australia), los “mongoloides” asiáticos (de China, Rusia y Oceanía) y los “mongoloides” americanos2.

Tumba del anatomista y fisólogo alemán Friedrich Tiedemann (23 agosto de 1781 – 22 de enero1861). Como muchos naturalistas en la Europa de aquél entonces, Tiedemann visitó París y trabajó con Cuvier, de quien tomó la idea de catástrofes y la posibilidad de extinciones en la naturaleza. A su regreso a Alemania, Tiedemann puso a prueba las afirmaciones de Cuvier y comparó las cavidades craneanas de diferentes humanos y de orangutanes. En 1836 publicó que no había evidencia física que sugiriera que las diferencias propuestas por Cuvier fueran verdaderas. Concluyó que la creencia de que había poblaciones humanas intelectualmente inferiores a las europeas carecían de fundamento científico y se trataban de prejuicios de exploradores y viajeros. Tiedemann es considerado uno de los primeros opositores al racismo científico.

La idea de orígenes múltiples de la humanidad fue considerada por mucho tiempo heterodoxa o herética2, pero hacia los siglos XVII y XVIII se hizo más aceptada ya que se consideraba una alternativa racional al monogenismo (origen único) religioso. El filósofo francés Voltaire consideraba que los “caucásicos”, “africanos” y “asiáticos” eran diferentes especies de seres humanos3. Hacia el siglo XIX, el poligenismo se había convertido en la hipótesis sobre los orígenes de la humanidad más aceptada tanto por científicos ateos como religiosos. Georges Cuvier, el naturalista francés que sentó las bases de la anatomía comparada, consideraba que los seres humanos se dividían en tres razas: caucásicos, mongoloides y etíopes4. El paleontólogo y naturalista suizo Louis Agassiz postuló en 1850 que las diferentes razas humanas habían sido creadas por Dios en diferentes regiones creando provincias zoológicas con faunas distintas5

La hipótesis del monogenismo revivió en la historia natural gracias a Charles Darwin en su libro El Origen de las Especies (1859) y parcialmente expandida en El Origen del Hombre (1879). Aunque la selección natural fue aceptada rápidamente, el monogenismo encontró retractores en otros proponentes de la selección natural, como Ernst Haeckel y Alfred Russel Wallace. La ancestría común puso a la narrativa del poligenismo en apuros: si todos los seres humanos somos parte de la misma especie con un ancestro común ¿cómo se podían justificar cosas como la esclavitud y el colonialismo? Que hubiera diferentes especies, o razas, de personas permitía darles sentido a los conceptos de nación y a la idea de que una raza superior ejerciendo dominio justificado sobre otras. Así que después de 1859, el racismo científico se volvió más complejo y serpentino.

Por ejemplo, en 1889, el antropólogo francés Georges Vacher de Lapouge publicó el libro El Ario y su rol social, donde determinó que Europa se dividía en categorías discretas en función de su Índice Cefálico: la raza aria con una cabezas "más largas que anchas", que incluía a los británicos y escandinavos, el Homo ‘europaeus’ que incluía a los protestantes y teutones, el Homo ‘alpinus’, que incluía a los auvernos del centro-sur de Francia y los turcos, el Homo ‘mediterraneus’, que incluía a los andaluces y neapolitanos, y a los "braquicefálicos", con cabezas "más anchas que largas" que incluía a los "mediocres e inertes" del Sur de Europa y los plebeyos católicos6. Vacher de Lapouge mezcló su ciencia con su antisemitismo cuando propuso que las poblaciones judías entraban dentro de la categoría "raza aria" y las denunció como el grupo más peligroso, ya que era el único capaz de remplazar a la raza aria. Las ideas de Vacher de Lapouge se tradujeron en las políticas antisemíticas de la ideología racista Nazi.

El economista estadunidense William Z. Ripley utilizó la misma métrica que Georges Vacher de Lapouge para clasificar a Las Razas de Europa en 1899 y encontró un mapa completamente diferente: los españoles, los británicos, los irlandeses y los escandinavos eran los más uniformes, mientras que el resto de Europa era una mezcla de todas las demás categorías7. Aunque el trabajo de Ripley demostraba que la hipótesis de Vacher de Lapouge era incorrecta, dentro del mitos del racismo científico se interpretó como una confirmación y fue medular en el supremacismo blanco de Estados Unidos.

Retrato del naturalista ruso Nicholas Miklouho-Maclay (17 de julio 1846-14 de abril 1888). Miklouho-Maclay inició sus estudios en San Petersburgo hasta que fue expulsado del sistema educativo por formar parte de protestas estudiantiles. En 1864 salió del país con un pasaporte falso y se dirigió a Alemania, donde estudió humanidades en Heidelberg, medicina en Leipzig y, finalmente, zoología en Jena, donde conoció a Ernst Haeckel. Haeckel tomó a Miklouho-Maclay como su asistente en una expedición a las Islas Canarias (1866); con esta experiencia, Miklouho-Maclay emprendió una expedición liderada por él mismo a Papúa (entre 1877 y 1880). Haeckel pensaba que los indígenas de las islas eran estadíos intermedios en la evolución humana, pero, en 1886, Miklouho-Maclay publicó un tratado sobre las comunidades de Papúa donde refutaba con evidencia empírica el poligenismo de su mentor. Fue uno de los primeros europeos activistas anti-esclavistas en la región de Melanesia y buscó el desmantelamiento del blackirding, una práctica que consistía en secuestrar personas y someterlas a trabajos forzados.


El Racismo Científico del siglo XX

En Estados Unidos existían leyes de segregación racial contra afrodescendientes con base en estas ideas de diferentes razas. Estas leyes se conocen como Leyes Jim Crow, Jim Crow siendo un término despectivo para la población Afro. En 1896, el impacto de la ancestría común en la interpretación de las razas humanas acumuló suficientes retractores que las leyes de segregación mutaron en una forma sanitizada como separados pero iguales. A principios del siglo XX se escucharían casos en las cortes donde se intentó definir de manera legal lo que constituía una “raza” y proponer mecanismos para clasificar a cada individuo.

Entre 1929 y 1939, los Estados Unidos comenzaron a deportar a gran parte de la población mexicana que vivía en los territorios y estados del sur (en algo mal llamado Repatriación Mexicana) utilizando elementos retóricos que Lovecraft también incorporó en sus obras. Los había “muy mexicanos”, aquellas personas que tenían características físicas más cercanas a los indígenas, y los “no tan mexicanos”, que se parecían a los caucásicos8. El gobierno mexicano intervino en muchos de estos casos sobre ciudadanía y mexicanidad argumentando que, tras los quinientos años de historia colonial, la mayor parte de la población mexicana era mestiza. Así, mientras el mito de la supremacía blanca se expandió en el país del norte, en México se expandió el mito del mestizaje.

A pesar de las evidencias de que todas las poblaciones humanas provenían de una población ancestral, las sociedades científicas recurrían a la narrativa del racismo científico para explicar la desigualdad causada por las estructuras coloniales. Las diferencias en los aspectos físicos entre personas se utilizaron como explicaciones para justificar la esclavitud, la segregación y la pobreza. Ante la falta la evidencia de diferencias físicas no, la narrativa se movió a la psique humana y al cerebro: las razas eran diferentes a niveles intelectuales.

Aleš Hrdlička (1869-1943) fue un antropólogo checo-estadunidense y uno de los pioneros de la antropología física. En una de sus primeras publicaciones en 1898, Hrdlička comparó las características físicas entre 908 niños blancos y 192 niños afroamericanos en Nueva York, concluyendo que muchas de las diferencias entre las dos “razas” se podían explicar por el abuso, negligencia y desnutrición de los niños afrodescendientes y no detectó ninguna diferencia hereditaria. Sin embargo, a pesar de esta evidencia, Hrdlička sostenía que había que continuar buscando evidencias para explicar las “diferencias” entre ambas razas. Hrdlička consideraba que el modelo de tres razas de Cuvier era el más adecuado (Caucásicos, Africanos y Mongoloides), aunque utilizaba la terminología de “blancos, negros y amarillos”; Hrdlička fue el primer antropólogo en referirse a los “amarillos” como “amarillos-cafés” para incluir a las poblaciones amerindias9.

Fotografía del antropológo germano-estadunidense Franz Boas (9 de julio 1858-21 de diciembre 1942) en una exhibición el Museo Nacional de Historia Natural. Franz Boas estudió inicialmente el uso del índice cefálico como indicador de características hereditarias, y en 1897 instigó que seis inuits fueran trasladados de Groenlandia al Museo Nacional donde murieron de tuberculosis. Sin embargo, después de ser nombrado profesor de antropología en la Universidad de Columbia (1899), publicó varias refutaciones a sus trabajos previos y a la mala interpretación de las diferencias entre poblaciones humanas. De acuerdo con Boas, las diferencias estadísticas entre los diversos grupos humanos podían ser mejor explicadas mediante variables ambientales y culturales que no influenciaban en las características genéticas. Fue uno de los antropólogos más vocales en denunciar el racismo científico y en enfatizar el deber del quehacer científico de desterrar los mitos de superioridad racial.


Entre 1898 y 1903, Hrdlička viajó por el continente americano y sus observaciones lo llevaron a ser el primer científico en proponer que las poblaciones indígenas de América descendían de las poblaciones asiáticas de Siberia, que habían llegado al continente hacia 3000 años a través del Estrecho de Bering, en Alaska. En 1903 fundó la sección de antropología física del Museo Nacional de Estados Unidos, el predecesor del Museo Nacional de Historia Natural, Washington D. C. Durante finales del siglo XIX y principios del XX, los antropólogos interesados en encontrar el centro de origen de la humanidad habían descubierto fragmentos óseos de primates semejantes a los humanos, los primeros homínidos: Homo erectus, descubierto en 1891 en Indonesia o el Niño Taung, descubierto en 1924 en Sudáfrica. Si bien sus ideas sobre estos fósiles no eran del todo aceptadas por sus pares, la influencia de Hrdlička en la antropología estadunidense fue tan grande que se hizo tabú aceptar que el humano moderno habitó en América antes de los 3000 años propuestos por su hipótesis del Estrecho de Bering. La idea de que los humanos habitaron el continente durante el Pleistoceno encontró un muro de escepticismo bastante grueso gracias a él.

Hrdlička estaba interesado en estudiar los cerebros de amerindios y otras poblaciones indígenas y construyó su carrera sobre la recolección de cadáveres amerindios recientes10. En 1902, Hrdlička viajó a Sonora, México, tras enterarse de que las tropas porfiristas mexicanas, en su guerra contra el Pueblo Yaqui en Sonora, habían atacado un campamento yaqui y masacrado 124 indígenas; Hrdlička tomó cráneos de 10 de estas personas, así como armas, sombreros y mantas. En 1904, Hrdlička viajó a la Exposición Universal de San Luis que tuvo lugar en San Luis, Missouri, esperando que algunos de los indígenas filipinos que serían expuestos en la feria murieran para poder colectar sus cerebros. En 1913, viajó a Lima, en Perú, donde colectó alrededor de 2000 cráneos de cementerios en los Andes. En 1930, Hrdlička viajó a la Isla Kodiak, en Alaska, y organizó la exhumación de alrededor de 1000 cadáveres para enviarlos al Museo Nacional. 

Además del trabajo que hacía el mismo, tenía una red internacional de expertos que le mandaban restos humanos de todas partes del globo. Recientemente, el Washington Post publicó una historia11 donde rastrean el origen de los 255 cerebros que actualmente forman parte de la colección del Smithsonian. Médicos de la Escuela Médica de Filipinas le mandaron 18 cerebros, médicos de la Universidad Johns Hopkins y la Universidad de Maryland mandaron en total 30 cerebros. Su interés en la capacidades intelectuales de los individuos ayudó a trasladar el discurso de inferioridad física a inferioridad mental. Debido a su posición en la academia y a sus conexiones, atrajo el interés del gobierno estadunidense en todas sus ramas. Fue consejero en migración y guerra para los presidentes Theodore Roosevelt y Franklin D. Roosevelt. En 1922 testificó enfrente del Congreso que las poblaciones japonesas en Hawai’i no se asimilarían con la sociedad blanca estadunidense ya que “los japoneses no son tan inteligentes como los blancos”11.

Que Lovecraft fue racista no es algo que esté sujeto a debate. Claro está, como cualquier persona, Lovecraft cambió de ideas a lo largo de su vida, por ejemplo, aunque después de la Gran Depresión de 1929 Lovecraft se volvió socialista, pero nunca dejó de ser un supremacista blanco. Sus puntos de vista sobre la segregación racial se atenuaron al escuchar historias sobre la Alemania Nazi, pero nunca dejó de ser un anglófilo, pues pensaba que la población inglesa era superior a cualquier otro grupo étnico; del mismo modo, Hrdlička era de origen eslavo y consideraba que la definición nazi de “blanco” era muy restrictiva. Lovecraft veía con buenos ojos a aquellas minorías que se integraban a la cultura dominante (asimilación) y consideraba que las políticas de los nazis debieron haberse implementado considerando la cultura en vez de la descendencia. Hacia 1930, Lovecraft cambió algunas de sus actitudes políticas y admiraba que los grupos étnicos trataran de preservar sus identidades: “un amigo real de la civilización desea meramente que los alemanes sean más alemanes, que los franceses sean más franceses, que los españoles sean más españoles”12. Esto, por consiguiente, hizo que Lovecraft viera al mestizaje como una forma de degradación cultural, una idea que también se expandió por Europa y el resto de América, las mismas ideas que también tenía Hrdlička.

Sí, Hrdlička y Lovecraft fueron personas de su tiempo. Pero también Maura fue persona de su tiempo, una filipina que fue llevada a la Feria Mundial de 1904 en Saint Louis como exhibición y de la que Hrdlička tomó un pedazo de su cerebelo tras su muerte. También fueron personas de su tiempo los 10 indígenas yaqui que, tras haber sido masacradas por el gobierno mexicano, tuvieron sus cadáveres profanados por Hrdlička. También fueron personas de su tiempo los indígenas y afrodescendientes que perdieron casos en las cortes que pedían a Hrdlička que testificara sobre la validez de su ancestría y raza. También fueron personas de su tiempo los científicos que abiertamente se opusieron al concepto de raza y con los que Hrdlička tuvo confrontaciones. En su tiempo hubo personas que se opusieron a esta visión injusta y carente de evidencia del racismo científico, pero Hrdlička y Lovecraft, y varios paleontólogos, eligieron estar del lado incorrecto de la historia, de su tiempo.

Referencias

1. Bressan, D. (2015, agosto 20). Geology and ancient fossils inspired H.P. Lovecraft to write his Best horror story. Forbes [Consultado el 20 de agosto de 2023: https://www.forbes.com/sites/davidbressan/2015/08/20/geology-and-ancient-fossils-inspired-h-p-lovecraft-to-write-his-best-horror-story]

2. Livingstone, D. N. (1992). The Preadamite Theory and the Marriage of Science and Religion. Transactions of the American Philosophical Society, 82(3), i–78. https://doi.org/10.2307/3231948

3. Giovannetti-Singh G. (2022) Racial Capitalism in Voltaire’s Enlightenment, History Workshop Journal, 94 (otoño 2022): 22–41: https://doi.org/10.1093/hwj/dbac025

4. Cuvier, G. baron, Griffith, E., et al. (1827) The animal kingdom arranged in conformity with its organization. G. B. Whittaker, 1827-1835, Londres, página 3. https://doi.org/10.5962/bhl.title.45021

5. Menand, L. (2001) Morton, Agassiz, and the Origins of Scientific Racism in the United States. The Journal of Blacks in Higher Education, 34: 110–13. https://doi.org/10.2307/3134139

6. Lapouge, G. V. de (1899) L’Aryen; son role social. Ancienne Librairie Thorin et Fils. Paris. 594 pp. https://archive.org/details/LaryenSonRoleSocial/page/n2/mode/1up

7. Ripley, W. Z. (1899) The Races of Europe: A Sociological Study. Appleton and Co. Nueva York.

8. Hoffman, A. (1972) Mexican Repatriation Statistics: Some Suggested Alternatives to Carey McWilliams. The Western Historical Quarterly 3(4: octubre): 391-404. http://www.jstor.org/stable/966864

9. Oppenheim, R. (2010) Revisiting Hrdlička and Boas: Asymmetries of Race and Anti-Imperialism in Interwar Anthropology. American Anthropologist 112 (1): 92–103. https://doi:10.1111/j.1548-1433.2009.01199.x

10. Brandon, M. A. (2020) The Racial World of Aleš Hrdlička. Tesis doctoral en la Universidad de Ludwig-Maximilian Múnich. https://edoc.ub.uni-muenchen.de/26463/1/Brandon_Mark.pdf

11. Dungca, N., Healy C., Ba Tran, A. (15 agosto 2023) The Smithsonian’s ‘Bone Doctor’ scavenged thousands of body parts. En línea: https://www.washingtonpost.com/history/interactive/2023/ales-hrdlicka-smithsonian-brains-racism/

12. Joshi, S. T. (2010) Time, Space, and Natural Law. Lovecraft Annual Hippocampus Press. 4: 171-201. https://www.jstor.org/stable/26868421?seq=7

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

¿Qué te ha parecido la entrada?